Encuentro


Encuentro.
En la mirada sostenida de mis hijos alimentándose de mi pecho.
En el recuerdo amoroso de ellos que ya no están.
En el rítmico vaivén del mar o el lento movimiento de ballenas y delfines.
En el lago que, ajeno a la perturbación del viento, es como el alma que refleja la fortaleza de las montañas, la fragilidad de las hojas en otoño, la sabiduría de las piedras, la pureza de las nubes, la energía del sol.
En su piel, sus besos, su respiración pausada mientras duerme.
En la música.
En dos manos estrechadas en silencio, en la conciencia de cada uno de mis poros uniéndose uno a uno a los suyos.
Encuentro.
El lugar en donde mi alma, despojada de armaduras, resplandece en absoluta comunión con mis sentidos.